Malteada de dos cuentos

Ingredientes:
La Cenicienta
Pulgarcito
Un cerebro con habilidades de licuadora

¡Quien prepare la mejor mezcla, ganará alguna de las novedades literarias de Alfaguara!
Propón un nuevo argumento, basado en esos dos cuentos, escrito en cuatro líneas. Los que logren convencer a nuestros estrictos, escépticos, materialistas y bien techies jurados de volver a creer en los cuentos de hadas, serán los indiscutibles ganadores…

7 comentarios »

  1. Lorena Salinas said

    …Y el príncipe le colocó la zapatilla a Cenicienta,
    ella se puso en pie pero había algo en la zapatilla que la molestaba
    al asomarse, vió a Pulgarcito hecho puré de pulgas,
    el inocente se había quedado dormido dentro del zapato… :(

  2. Óscar González said

    ¡cuatro líneas?

  3. felipe chaires said

    Había pasado un año del enfrentamiento de Pulgarcito con el Ogro, convirtiéndolo en piedra y robando su oro. Su familia ya no pasaba hambre gracias al oro robado.
    Pulgarcito siempre ayudaba a sus padres a llevar la leña del bosque a su casa, pues con las botas de siete leguas que también le había robado al Ogro era bastante fácil.
    Mientras tanto, en una ciudad no muy lejos de allí, vivía una hermosa joven que era maltratada por su horrible madrastra y las hijas de ésta. Ellas siempre la obligaban a hacer todas las tareas de la casa, por eso siempre estaba llena de cenizas y la llamaban Cenicienta.
    Tras la muerte de su padre, el príncipe del reino tenía que tomar su puesto, pero necesitaba una esposa, así que organizó un baile en su castillo para conocer a las doncellas solteras del reino.
    La noche del baile llegó y Cenicienta se estaba preparando para asistir, cuando llegó su madrastra y le dijo:
    -¿Qué crees que haces? No irás al baile hasta que no hayas terminado tus deberes.
    -Cenicienta no irá al baile, porque no ha terminado sus tareas. -Canturrearon las hermanastras.
    La madrastra y las hermanastras se fueron, no sin antes desearle a Cenicienta que se divirtiera.
    La Cenicienta estaba muy triste, pero de pronto apareció una hermosa mujer.
    -Cenicienta, soy tu hada madrina, ¿quieres ir al baile?
    -No puedo, tengo que terminar mis tareas.
    -Oh no te preocupes por eso.
    El hada madrina terminó las tareas de Cenicienta en menos de diez segundos. Y dijo:
    -Ahora, dame esa calabaza podrida del jardín.
    Y convirtió la calabaza en un carruaje, luego transformó un vestido viejo de Cenicienta en un hermoso vestido rosa.
    Después, ella misma se convirtió en un hombre robusto con bigote retorcido y tiró de las riendas del carruaje. Cuando llegaron al castillo, el hada madrina le dijo:
    -Recuerda que tienes que llegar antes de las doce de la noche porque a esa hora pierdo mi magia.
    -No lo olvidaré.
    Y así, la Cenicienta entró al castillo. El príncipe quedó tan impresionado con su belleza que la invitó a bailar.
    La Cenicienta estaba feliz bailando con el príncipe, pero cuando dieron las doce, salió corriendo dejando solamente una zapatilla de cristal.
    Mientras tanto, la madrastra y sus hijas encontraron la bóveda del castillo repleta de oro, tomaron cuanto pudieron y lo echaron en sendos sacos. Y así, salieron rápido con gran parte del oro.
    Por suerte, Cenicienta salió al mismo tiempo que ellas y, al verlas cargar esos costales raros, las siguió.
    La madrastra y las hermanastras, se adentraron en el bosque, pues no querían que nadie las viera repartiéndose el oro robado. Se detuvieron frente a una estatua llena de musgo. Era el Ogro, que al oler el oro que llevaban despertó de su letargo y dejó de ser piedra. Después de todo un año sin comer, el Ogro tenía un gran vacío en el estómago que decidió llenar con las tres mujeres que allí estaban.
    -Por favor, señor Ogro, no nos coma. -Dijo la madrastra.
    -Tenemos toda una vida por delante. -Agregó una hermanastra melodramáticamente.
    La otra hermanastra le ofreció el oro obtenido del castillo, pero el Ogro lo rechazó:
    -¿Y si me las como y luego me quedo con todo el oro?
    Cenicienta estaba presenciándolo todo y le rogó al Hada Madrina para que las ayudara, pero no tenía suficiente magia para derrotar a un Ogro, así que dijo:
    -Yo no puedo, pero sé quién sí puede.
    Pulgarcito estaba dormido después de un largo día de trabajo, cuando llegó el Hada Madrina y le explicó todo. Cuando terminó de explicar se dio cuenta que Pulgarcito seguía dormido, así que lo despertó y le volvió a explicar todo.
    -Con las botas de las siete leguas saltarás y le lanzarás este polvo. Es polvo del olvido, así, solo recordará que tiene una esposa que lo espera en casa con un jugoso cordero.
    Cenicienta se estaba desesperando porque el Hada no regresaba y salió de su escondite. El Ogro, al verla se sintió más contento, pues ya tenía a cuatro mujeres para comer.
    -Señor Ogro -dijo Cenicienta humildemente- dejelas ir, por favor.
    El Ogro supuso que al ser ella la más bella, sería también la que tendría mejor sabor.
    -Está bien, las dejaré ir pero a cambio, te comeré a tí.
    Cenicienta asintió y se acercó al Ogro, que la tomó por el cuello, al tiempo que se volvía a ver a las otras mujeres que ya se iban. Pero con su magia las detuvo y se echó a reír.
    -Nunca confies en un Ogro. -Dijo.
    En ese mismo momento, llegó Pulgarcito y saltó y se posó en la nuca del Ogro rociándole el polvo del olvido. El Ogro desconcertado soltó a la Cenicienta. Ella tomó un leño y le asestó un tremendo golpe en la cara. El Ogro cayó desmayado. Y al despertar, después de algunas horas, solo recordó a su esposa que lo esperaba con un cordero jugoso esperándolo.
    Pulgarcito había visitado a la esposa del Ogro y le había dicho:
    -El Ogro acaba de perder la memoria. Aquí le dejo el oro que me dio hace un año… ah y por cierto, el Ogro espera que le cocine un cordero o algo así.
    Pulgarcito había burlado a la madrastra y a las hermanastras de Cenicienta robando su oro. Ellas ni cuenta se habían dado hasta que llegaron a su casa.
    Cenicienta agradeció a Pulgarcito y regresó al pueblo. Al día siguiente, el príncipe encontró a la bella doncella con la que había bailado gracias a la zapatilla que ella había perdido y se casó con ella.

    Moraleja: nunca trates mal a una persona porque no sabes cuando esa persona te va a salvar de un Ogro dándole un golpe en la cara.

  4. Paulina Chaires Aviles said

    Había una vez una doncella a la que llamaban Cenicienta (porque siempre estaba llena de cenizas) que era maltratada por su madrastra y las hijas de ésta.
    Resulta que un buen día, un hada madrina se le presentó para ayudarla a asistir al baile real en el que el príncipe heredero elegiría esposa. Después de unos cuantos movimientos de varita mágica, todo estuvo listo, pero no contaban con que en ese momento, la cruel madrastra de Cenicienta había regresado porque habían olvidado la invitación.
    La madrastra se sorprendió al ver lo que pasaba por lo que rápidamente le robó la varita mágica al hada y entre ella y sus hijas las capturaron. Al hada la encerraron en una jaula a prueba de hadas sin varita mágica y a la Cenicienta la abandonaron en el bosque.
    La Cenicienta estaba tan triste y se sentía tan perdida (y de hecho estaba perdida) que se puso a llorar amargamente.
    No lejos de allí, un diminuto niño llamado Pulgarcito, saltaba a toda velocidad por el bosque cargando mucho oro y mucha plata. Tenía que ir a casa, pero le dio curiosidad y decidió pasar por donde había dejado dormido al Ogro al que le había robado todo el oro y toda la plata que traía, ah y también las botas de las siete leguas.
    Así lo hizo pero antes de ver al Ogro, se topó con Cenicienta que aún lloraba amargamente.
    “Bueno”, pensó Pulgarcito, “no pasa nada si ayudo a esta doncella”.
    La Cenicienta se secó las lágrimas y le contó todo.
    — ¿Y tú? ¿Qué haces solito por el bosque=
    —Solo tuve un altercado con el Ogro y le robé todo su oro y toda su plata.
    Cenicienta lo miró reprobadoramente, pero no dijo nada.
    Y juntos decidieron ir a rescatar al hada madrina, pero no se dieron cuenta de que hacía rato que no se escuchaban los sonoros ronquidos del Ogro, que ya había despertado y los escuchaba atentamente.
    Cuando llegaron a la casa de la Cenicienta, Pulgarcito dijo:
    —Mejor entro yo, soy muy pequeño y con mis dedos puedo abrir la cerradura.
    Todo salía conforme al plan, Pulgarcito ya había liberado al hada y le había quitado la mordaza que le impedía hablar, cuando entró la madrastra muy enojada con sus dos hijas y el Ogro (porque el Ogro los había seguido y le había contado todo a la madrastra).
    La madrastra llevaba la varita mágica del hada y con ella, intentó atacar a Pulgarcito, pero nada pasó (todos sabemos que los malos y los muggles, es decir las personas sin magia, o los muggles malos, no pueden utilizar varitas).
    Así que el hada aprovechó:
    —Accio varita. —Gritó y la varita voló hasta sus manos. Había aprendido ese truco en otro reino.
    Luego, con la varita atrapó a la madrastra y a las hermanastras de Cenicienta, pero no pudo hacer nada con el Ogro (porque todos sabemos que, gracias a las proteínas que obtienen de los niños que se comen, su piel es tan dura, pero tan dura que no les entra ningún hechizo).
    Estaban en problemas. El Ogro tomó del pescuezo a Pulgarcito y ya se lo iba a comer enterito, cuando llegó la Cenicienta, pero no venía sola:
    —Ya fue suficiente, Ogro. —Dijo la esposa del Ogro, Cenicienta había utilizado las botas de las siete leguas para ir por su ayuda cuando lo había visto llegar—. Si no dejas de comer personas, me divorcio de ti.
    El Ogro se puso a pensar un momento. Los ogros no eran muy populares con las mujeres. Ellas siempre preferían, por alguna razón que el Ogro no entendía, a los príncipes encantadores. Además su esposa cocinaba muy bien.
    —Está bien, mujer. —Balbució a regañadientes.
    —Entonces vamos a casa. —Ordenó su esposa y se fueron.
    La madrastra y las hermanastras de Cenicienta le pidieron perdón y ella las perdonó de inmediato.
    — ¡Qué bien que todo se arregló! —Dijo la Cenicienta con tristeza—. Lástima que me haya perdido el baile.
    — ¡Oh, no te preocupes, Cenicienta! —Exclamó el hada madrina—. Cuando me vi rodeada por tus parientes, alcancé a lanzar un último hechizo. Hice que le diera diarrea al príncipe y se tuvo que posponer el baile. Será hoy.
    Así fue como la Cenicienta fue al baile y cautivó al príncipe, que esa misma noche le propuso matrimonio.
    Por su parte, Pulgarcito devolvió todo el oro y toda la plata que le había robado al Ogro porque como le explicó Cenicienta: robar es malo, aunque le robes a ogros come-niños. Y por eso estaba muy triste. Pero cuando Cenicienta se convirtió en princesa, le pidió al príncipe que nombrara “leñadores reales” a los padres de Pulgarcito y ya jamás volvieron a pasar hambre o a considerar abandonar a sus hijos.

    Las moralejas que nos deja este cuento son las siguientes:
    Es bueno ayudar a los demás y perdonar a los que nos hacen daño, aunque también hay que enfrentarlos y pedir el divorcio de ser necesario.
    Es malo robar, sobornar, secuestrar y comer niños (aunque aporten muchas proteínas).

  5. Gustavo said

    Había una vez una princesa ogro muy pero muy pequeña a la que sus padres llamaron “Pulgarcita” .
    Sus padres estaban en crisis y no podían alimentarla así que la abandonaron en un bosque con solo unas botas mágicas.
    Ahí la recogió su madrastra quien la obligaba a trabajar de sirvienta, cuando creció fue invitada a un baile muy elegante.
    Ahí conoció al príncipe pero como tenía que volver a las 12 perdió una de sus botas. El príncipe le probó la bota a todas las ogras de el bosque hasta encontrar a Pulgarcita y vivieron felices para siempre.

  6. Esto es con lo que yo participo:

    Entonces Cenicienta recordó que para salir de cualquier apuro tenía que mirar en sus zapatos viejos: Ahí estaba Pulgarcito esperando a ser llamado. -Pulgarcito ¿Podrías ayudarme a ir al baile?- El pequeño no tuvo más remedio que ayudarla, se convirtió en carreta y luego en vestido.

  7. Alonso Arellano said

    Cenicienta impaciente porque su príncipe azul llegara a buscarla, nunca se dio cuenta que un pequeño hombre la observaba todo el tiempo. Se acercó a él y preguntó: ¿quién eres?, a lo que el hombrecito respondió: ¡Pulgarcito y quiero hacerte el amor! Cenicienta aceptó y justo en el acto, Pulgarcito tomó su tamaño real. Cenicienta nunca lo dejó ir.

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