Gracias, Saramago, por las pequeñas (y las grandes) memorias

En agradecimiento a José Saramago, por sus pequeñas (y grandes) memorias, platiquemos sobre los libros, citas, historias o anécdotas que más gocemos de él.

Descansa en paz, José.

4 comentarios »

  1. Ady said

    Los jóvenes piensan (pensaba yo, cuando estaba en prepa) que los filósofos son seres que ya se acabaron y que tienen nombresotes como “Platón”. Peor aún, nos machacan una Filosofía (así, con F alta) desconectada de nuestra cotidianidad.

    Enfermo desde hace algunos años, Saramago declaró a El Clarín en 2008 que “la muerte es una necesidad que hay que aceptar. Con serenidad, si es posible. Nunca he temido a la muerte pero creo tener hoy esa serenidad.

    Cuando tuvo la idea del libro, el escritor plantó un olivo. En esa tierra volcánica y ventosa en la que la vegetación es un esfuerzo hecho a mano. Crecieron juntos, el libro y el olivo. Sin separarse: en el hospital, Saramago tenía una rama de su arbolito. Como si fueran compañeros de un equipo campeón, acá están los dos ante las cámaras en el día de la victoria. Se trata de vivir, pero no se trata sólo de vivir. Se trata de hacerse cargo de quién es: “En nombre de esa responsabilidad, les digo que seguiré trabajando”. Y es ahora cuando lo dice: “Confío en que la muerte me dé un respiro por algunos años más”. ”

    Este hombre era un filósofo, todos sus cuentos nos lo revelan.
    [A ver si aprendemos algo.]

    Ver nota de El Clarín en: http://www.revistaenie.clarin.com/notas/2008/08/19/_-01741209.htm

  2. Fernando said

    No creo arriesgarme al decir que es una gran pérdida, pero estoy seguro de que ahora que ya descansa podrá mofarse de nuestra libertad condicional, Saramago alcanzó la Libertad.

    Q.E.P.D.

  3. Lucía Zambrano said

    Ayer fue mi cumpleaños, comenzar el día enterándome de la noticia de la muerte de Saramago me puso profundamente triste, luego la acepté y me reconforté recordándome que nos deja su maravillosa obra, pero… en un instante después recordé que los oídos del mundo están sordos…
    Sigamos leyéndolo, por favor, hay mucho que decir de él, pero hay mucho más que escuchar de él… No dejemos de leerlo ni un momento… Les dejo un fragmento de su discurso de aceptación del Nobel de literatura, es la parte en la que habla de “Memorial del convento”, que en mi particular punto de vista, se trata de una hermosísima historia de amor…
    “Se aproxima ahora un hombre que dejó la mano izquierda en la guerra y una mujer que vino al mundo con el misterioso poder de ver lo que hay detrás de la piel de las personas. Él se llama Baltasar Mateus y tiene el apodo de Siete-Soles, a ella la conocen por Bilmunda, y también por el apodo de Siete-Lunas que le fue añadido después porque está escrito que donde haya un sol habrá una luna y que sólo la presencia conjunta de uno y otro tornará habitable, por el amor, la tierra. Se aproxima también un padre jesuita llamado Bartolmeu que inventó una máquina capaz de subir al cielo y volar sin otro combustible que no sea la voluntad humana, ésa que según se viene diciendo, todo lo puede, aunque no pudo, o no supo, o no quiso, hasta hoy, ser el sol y la luna de la simple bondad o del todavía más simple respeto. Son tres locos portugueses del siglo XVIII en un tiempo y en un país donde florecieron las supersticiones y las hogueras de la Inquisición, donde la vanidad y la megalomanía de un rey hicieron levantar un convento, un palacio y una basílica que asombrarían al mundo exterior, en el caso poco probable de que ese mundo tuviera ojos bastantes para ver a Portugal, tal como sabemos que los tenía Bilmunda para ver lo que escondido estaba. Y también se aproxima una multitud de millares y millares de hombres con las manos sucias y callosas, con el cuerpo exhausto de haber levantado, durante años sin fin, piedra a piedra, los muros implacables del convento, las alas enormes del palacio, las columnas y las pilastras, los aéreos campanarios, la cúpula de la basílica suspendida sobre el vacío. Los sonidos que estamos oyendo son del clavicornio del Doménico Scarlatti, que no sabe si debe reír o llorar. Esta es la historia del Memorial del convento, un libro en que el aprendiz de autor, gracias a lo que le venía siendo enseñado desde el antiguo tiempo de sus abuelos Jerónimo y Josefa, consiguió escribir palabras como éstas, donde no está ausente alguna poesía: “Además de la conversación de las mujeres son los sueños los que sostienen al mundo en su órbita. Pero son también los sueños los que le hacen una corona de lunas, por eso el cielo es el resplandor que hay dentro de la cabeza de los hombres si no es la cabeza de los hombres el propio y único cielo”. Que así sea”.

  4. Arturo Carlos said

    Nunca voy a olvidar cuando me dijeron que leyera “Las intermitencias de la muerte”, recuerdo haber dicho ¿Qué es eso o qué? y al terminar de leer el libro me quede sin palabras. Y a partir de ese momento fueron varios los libros sobre Saramago que estuve leyendo entre los que destaco “El evangelio según Jesucristo” y “Ensayo sobre la ceguera”.
    Gracias Saramago por todo y Descansa en Paz.

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