LA NUEVA SEMÁNTICA
En algún lugar de la academia, cuando los sabios escudriñaban los discursos políticos, descubrieron, entre líneas, una semántica alterna que tergiversa las verdades y una simbología exasperante que codifica las intenciones ocultas…
El lenguaje es el reflejo de la idiosincrasia, es el mosaico donde se amalgaman todos los colores y todas las imágenes de un pueblo, es una expresión viva y cambiante, que se adapta a las circunstancias, las describe y las preserva.
Los vaivenes del pensamiento, las prioridades, las percepciones y las creencias se cristalizan en el lenguaje, y entonces, algunas palabras adquieren una inusitada e impresionante carga significativa en un contexto determinado.
Es por eso, que desde hace ocho años, los lingüistas y gramáticos de la Asociación de Academias de la Lengua Española, emprendieron, con rigor y detalle, la actualización de las características gramaticales de la lengua española.
La Nueva Gramática de la Lengua Española contendrá una descripción de áreas dialectales, niveles de lengua y registros. También incluirá la descripción de las principales variedades americanas del español, ejemplos y recomendaciones de uso. La obra de consulta contendrá 50 capítulos, índice temático y glosario de voces técnicas.
Este mega proyecto no ha concluido, porque los sabios pretendieron descifrar el código de un lenguaje alterno que se practica en el ámbito político. Creyeron imprescindible asignar una infinidad de sustantivos para describir esa realidad paralela habitada por una infra-especie humana que muta cada sexenio y que cada régimen cambia de piel.
Consideraron que en el inframundo de la política han surgido palabrejas que designan por igual, tanto a la insensatez del hablante como a las aberraciones del entorno.
Dicen los que saben, que el proyecto avanzaba con el viento en popa, hasta el fatal momento en que los sabios, después de quemarse las pestañas y exprimirse los sesos tratando de descifrar los poemínimos “inefable tarúpido”, “frutal idiotejo”, “iridiscente pendejérrimo”, decidieron por unanimidad, mandar al averno las palabrejas de la demagogia mexicana y excluirlas de la nueva gramática de la lengua española.
Hoy por hoy, el electorado en México, es el único grupo calificado para interpretar los mensajes y descifrar los gestos de la nueva significancia política; labor que exige mucha concentrancia y la combinación de ingenio e ingenuidad para interpretar el sentido de palabras ambiguas en leyes electorales mal redactadas, en normas jurídicas sin lógica, sin gramática ni sintaxis, que exhiben la ineptitud de los legisladores, quienes al conjugar los adverbios inventaron… una semántica alterna que tergiversa las verdades y una simbología exasperante que codifica las intenciones ocultas…
Laura M. López Murillo*
enalgunlugarlaura@hotmail.com
*Maestra en Estudios Humanísticos Especializada en Literatura en el Itesm. Escritora y columnista independiente, publica actualmente en La Crónica de Baja California, en Prensa Argentina Internacional y en la Red de Prensa No Alineada. Reside en la ciudad de Mexicali, Baja California.